lunes, 22 de diciembre de 2014

¡QUE TODO OS SEA AUSPICIOSO!

Mi hija Noemi y yo os deseamos unas felices fiestas y que todo os sea auspicioso. 
¡Que todos los seres sientientes puedan ser felices! 


jueves, 20 de noviembre de 2014

SER BUENO NO ES SER PERFECTO

Ani Tempa, profesora de yoga tibetano.
“Perfectos malos” fueron Hitler, Stalin, Pol Pot, Mussolini y otros seres que han inundado de dolor y sufrimiento nuestra historia. 
“Imperfectos buenos” han sido Luther King, Ghandi, Mandela y tantos otros conocidos y desconocidos héroes que gozaban de grandes virtudes pero también de algunos "defectos". 
En muchas ocasiones, buscando la “perfección en la bondad” nos olvidamos de dar lo mejor de nosotros y de potenciar nuestro lado de luz. Tratar de iluminar la oscuridad con obstinadas prácticas obsesivas y acciones estériles sólo pueden llevarnos al ostracismo emocional y a la ceguera existencial. 
El evangelista Marcos lo expresa de forma magistral: “Cuando salía para seguir su camino, vino uno corriendo, y arrodillándose delante de El, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios”. (Mc, 10:18)
Según el psiquiatra Prof. Alberti, "el amor que no se expresa se convierte en odio, la alegría que no proporciona gozo se convierte en depresión".

Con miles de defectos o con unos pocos, trata de dar y ofrecer de ti lo mejor. Ahí yace la maestría, la “doma del ego”, la mezcla caótica de colores que la mano del pintor transformará en “algo coherente” y finalmente convertirá en arte. 
No te centres tanto en tus defectos, potencia tus virtudes. 

sábado, 15 de noviembre de 2014

“NADA TRAJE, NADA ME LLEVO”

La consulta en la que trabajo diariamente desde hace más de treinta años está llena de experiencias singulares, de anécdotas alegres pero también de historias tristes. 
Todas tienen como fondo una actitud humana particular, profundamente existencial, que me han hecho reflexionar y aprender. 
Hoy os contaré la historia de M, una mujer de ochenta y cuatro años que venía a mi consultorio para paliar los efectos secundarios de la quimioterapia a la que estaba sometida. A esta paciente, dado su estado general y la metástasis múltiple que sufría, le quedaban pocos meses de vida. 
Mi labor, además de orientarla en la alimentación y prescribirle una pauta general para su sistema inmunológico, era también escuchar sus quejas y sufrimientos. 
Poco antes de su fallecimiento, en la que sería su última consulta, me confesó algo “que no la dejaba vivir en paz”. En gallego me dijo que “el tonto de su hijo no se daba cuenta de que su mujer – esto es, la nuera de “M” – se había casado solo por interés”. “M” me miró con ojos que refulgían en su demacrado rostro y prosiguió: “Los ahorros que tengo, la casa y el terreno que le dejamos mi difunto marido y yo a mi hijo se los va a llevar esa víbora”.
Me quedé observándola sin decir nada mientras continuaba con sus improperios hacia su nuera. Me fui entristeciendo en lo más profundo de mi ser. Aquella mujer estaba viviendo los últimos días de su existencia con el peso de la preocupación por los bienes que dejaba atrás, por el uso que le iban a dar y sobre todo porque su nuera “iba a quedarse con todo”. 
No pude mitigar su indignación ni su sufrimiento, sólo me queda el consuelo de haber aliviado sus dolores físicos hasta el final, colaborando con la medicina oncológica. 
Se fue dejando tras de sí su irritación y apego terrenal. Me quedé solo en mi despacho, sintiéndome impotente por no haber podido abrir la ventana de su corazón. 
Nada traemos al mundo cuando nacemos, nada nos llevaremos cuando muramos. 
¿Por qué nos complicamos tanto la vida? ¿Por qué hay tantos y tantas “M´s” por el mundo? ¿Por qué no vemos lo efímero que es el tiempo? ¿Por qué no vivimos cada día y disfrutamos de cada momento? ¿Por qué no nos entregamos a mejorar el espacio vital que compartimos con los demás? ¿Por qué…?
Rezo por ella de vez en cuando, cuando repaso mis notas. 
Por cierto, su hijo sigue felizmente casado y disfrutando de su matrimonio, de su vida. 
Muchas bendiciones a todos.

viernes, 19 de septiembre de 2014

"DAME UNA RAZÓN PARA SEGUIR VIVIENDO"


Hace bastantes años, a principios de los 90`, fallecía en un hospital vigués Yolanda, una joven de diecisiete años víctima de un cáncer terminal. Estuve con ella en sus últimas semanas. Hablamos, reímos y lloramos juntos. Yoli, mi dulce Yoli, fue el punto de inflexión en mi camino espiritual personal. Cuando las certezas te abandonan surge un foco de luz en medio de la espesa niebla. 
Su madre, enfermera de profesión, había perdido también a su marido y a su hijo varón en trágicos accidentes con pocos años de diferencia. Cuando su niña expiró se acercó a mi y me preguntó: “Dame una razón para seguir viviendo”. No supe que contestarle. Me sentí desolado, sin respuesta, y lo único que acerté a hacer fue abrazarla y tratar de “absorber” su intenso dolor. En ese silencio, en esa “comunión espiritual” que aún hoy me hace estremecer, surgió una respuesta al cabo de unos minutos. Le dije: “Ahora no hagas nada, quisiera decirte una palabra sanadora que pudiera disolver tu sufrimiento pero no sé que decirte, pero quiero que sepas que sufro contigo y que lloro contigo. Quizá un camino de curación sea ayudar a otras personas en similares situaciones. Que tu inmenso dolor sea el motor de tu entrega a los demás”. Ella no respondió, simplemente seguimos enlazados empapando nuestros hombros de lágrimas. Pero milagrosamente esas palabras germinaron en su corazón y hoy ayuda a enfermos y allegados a superar este inevitable trance que es la muerte. 
No obstante su pregunta sigue latiendo dentro de mi de vez en cuando: “Dame una razón para seguir viviendo”. 
Hace poco le decía a otra amiga que me escribe en este medio virtual que una buena opción para el dolor es parar y no hacer nada; "dejar que la oscuridad deje paso al alba". 
Otro camino que puede sonar paradójico al principio es ayudar a alguien a que encuentre su amanecer, a pesar de que uno esté sumido en las tinieblas más oscuras de la noche. La ayuda a los otros es luz para uno mismo. El dolor de los demás nos ayuda a soportar el dolor propio. Nos sensibiliza y “afina” para que entre todos compongamos la música maravillosa de la compasión y no el ruido desafinado y destructor del egoísmo. 
En la espantosa soledad del alma podemos encontrarnos con Dios a través de nuestra mente espaciosa e infinita, diamantina y perfecta: "Rigpa", nuestro Cristo interior, el Buda... todos moran más allá de nuestros prejuicios, de los símbolos y rituales, pero se manifiestan de forma inefable en el Amor; en él y a través de él realizamos la experiencia del vivir más allá del sufrimiento.  

martes, 9 de septiembre de 2014

¿CÓMO SERÍA EL MUNDO SIN TI?

Meditación en 1992 (Foto gentileza del maestro Madhana Mohan)

Vamos a realizar una breve meditación analítica con la siguiente reflexión: 
¿Cómo sería el mundo sin tu existencia? 
Es un ejercicio de reflexión que hoy hicimos en el Instituto de Yoga Tibetano de Vigo. 
Empecemos: 
Siéntate en la postura de meditación que adoptes habitualmente y cierra suavemente los ojos. Respira pausada y apaciblemente por la nariz. 
No tengas prisa. Durante diez minutos simplemente respira y sé observador de tu propia experiencia. No trates de luchar contra nada ni contra nadie. ¡Observa! ¡Escucha! 
Después pregúntate en silencio: "¿Como sería el mundo sin mi?"
No se trata de un acto cognitivo de vanidad; todo lo contrario. 
Se trata de ser conscientes de nuestra interdependencia con el mundo hasta límites insospechados. No hay respuestas universales. Tu eres la respuesta. 
Puedes relacionar otras reflexiones para profundizar en la meditación analítica. 
Por ejemplo: 
¿Cómo sería "tu familia" sin ti? ¿Y tu vecindario? ¿Y tu ciudad? 
¿Y tu comunidad? 
¿Padres, hermanos, hijos, amigos, profesión...? 
¿Cómo crees que sería el presente actual si nunca hubieras nacido? ¿Que cambiaría?
Usa tu mente para bucear en las aguas oscuras de tu realidad, de tu "potencialidad de ser". 
También podemos hacer la misma meditación pero invirtiendo el personaje. 
Pon a otra persona en lugar de ti. Analiza todas las posibilidades, indaga, abre tu mente a las posibilidades escondidas. Expande la consciencia y después de unos diez minutos vuelve a la meditación de enfoque. Respira y observa sin intención alguna ni albergar ahora nada. 
Y finalmente abre los ojos, agradece "estar aquí y ahora" y mira el mundo con respeto y compasión. Mira el mundo con responsabilidad, con la responsabilidad que subyace en cada uno de tus actos, palabras y pensamientos.