lunes, 1 de febrero de 2010

LA VACUIDAD BUDISTA


Es difícil escribir sobre la vacuidad, pues es un concepto central del budismo que se alcanza por vivencia, no a través del intelecto. Pero vamos a intentarlo resumiendo de forma lo más sencilla posible lo que han dejado escrito los maestros.

En el budismo la verdad última es la vacuidad. La vacuidad, sin embargo, no es la nada nihilista, sino la carencia de cualquier existencia inherente. La mente se aferra y apega a esa falsa ilusión y proyecta de manera errónea una ficticia existencia inherente a todos los fenómenos y éstos aparecen ante nuestra mente como si existieran de forma independiente, cuando no es así. Meditar sobre esta realidad última es fundamental para despejar la mente de la ignorancia que no nos deja ver la vacuidad tal como es. Los maestros nos enseñan que en el camino de la vacuidad hay dos etapas: La primera consiste en identificar con claridad el modo en que los fenómenos se presentan ante nuestra mente como si existieran de forma propia y cómo creemos con firmeza que esta apariencia es cierta. Este proceso es lo que se llama «identificación del objeto de negación». Para que nuestra comprensión de la vacuidad sea correcta es de suma importancia comenzar con una idea clara de lo que hemos de negar. “La segunda etapa consiste en refutar el objeto de negación, esto es, probarnos a nosotros mismos por medio de varios tipos de razonamientos que el objeto de negación en realidad no existe. De este modo, llegaremos a realizar la ausencia o inexistencia del objeto de negación”.

El Bodhisattva Padmavyuha dijo: "De la creencia errónea en el yo (atman) surge la dualidad yo/ no-yo (atman/anatman). Cuando se conoce la verdadera naturaleza del yo (atman) no surge ninguna idea de yo (atman) ni de no yo (anatman), deja de haber conocimiento y objeto de conocimiento. Esta es la entrada al Dharma de la No-Dualidad."

Como dice Prajñananda: “Vacuidad podría traducirse mejor por 'burbujeidad': los fenómenos son comparables a burbujas que nacen, se hinchan, se deshinchan, o explotan".

Puedes visitar también:

www.tantrayana.blogspot.com

www.javierakerman.blogspot.com

www.doctorakerman.blogspot.com

www.centrocuerpomente.blogspot.com

13 comentarios:

WILHEMINA QUEEN dijo...

Querido Hermano, siempre facilitas a todos el entendimiento, o comprensión de muchas cosas; muchas gracias por compartir con todos los que no sabemos demasiado de muchas cosas y queremos elevarnos un poquito.

Este blog lo he colocado en mi mundo como RECOMENDADO DE LA SEMANA

Mi Eterno Cariño
Vero

JAVIER AKERMAN dijo...

¡Gracias Vero!
feliz semana.
Un fuerte abrazo, querida amiga y hermana.

Fael·lo dijo...

Hola Javier!!
Te agradezco profundamente que hayas dedicado este post a algo tan abstracto y tan complicado de asumir.
Muchas gracias por haber atendido mi petición.

Un abrazo muy fuerte

Saludos

JAVIER AKERMAN dijo...

Gracias a ti Fael-lo.
Un fuerte abrazo.

ver con los ojos del corazon dijo...

Buena entrada, Javier...como siempre.

Y difícil... pues como bien dices la vacuidad es experiencia...la mejor forma de ser comprendida es vivirla... aunque sea sólo por ráfagas de instante. Su huella... no se olvida.

Un sincero y fuerte abrazo, querido Javier.

Carmen.

JAVIER AKERMAN dijo...

Gracias Carmen.
Un fuerte abrazo.

María dijo...

Es importante la meditación, sobre todo, para encontrar serenidad en nuestro interior, y no confundirse.

Me gusta leerte, Javier, siempre aprendo cosas nuevas del mundo budista, un mundo que me fascina.

Un beso.

JAVIER AKERMAN dijo...

Gracias María. Feliz semana.
Un beso.

Joy dijo...

Gracias por ayudarnos a allanar el terreno para que suceda la comprensión!

Un cálido abrazo!

Talamentes dijo...

"fenómenos sin noumeno", también decía el maestro Deshumaru...

JAVIER AKERMAN dijo...

Una buena definición, Talamentes, del inigualable Deshimaru.
Un saludo cordial.

Mª Jesús Verdú Sacases dijo...

Javier:

Estoy profundizando en la vacuidad. Es algo que mi alma me pide a gritos. Por eso, estudio y consulto a los sabios como tú.

Liberarme de mis apegos, de mi concepto irreal del yo para mí sería la mejor de las liberaciones.

Sólo comentarte que de los niños pequeños, en este sentido, se aprendo mucho.

Fíjate que los adultos decimos: Yo y acto seguido agregamos nuestro nombre.

Yo, el otro día, le oí decir a mi sobrinito: Mi papá ha colocado esta puertecita delante de la barandilla de las escaleras para que el (su nombre)no se caiga. Los niños, cuando son muy pequeños, hablan de ellos y no utilizan: mí, mío... Y se refieren a su nombre diciendo el (y el nombre). Esto a un adulto le parecería que el niño habla de una tercera persona pero en realidad el niño habla de él mismo pero sin integrar el concepto del yo en su discurso porque todavía no ha aprendido eso del mundo adulto. Creo que los niños son unos grandes sabios y los mejores maestros.

JAVIER AKERMAN dijo...

Exacto, querida Mª Jesús!!!
Muchas bendiciones.