martes, 9 de abril de 2013

EJERCICIO DE BENEVOLENCIA


Vemos a un mendigo y dejamos caer unas monedas en sus manos sin fijarnos en su mirada. Nos cruzamos con un indigente y procuramos mirar al frente, intentando esquivar disimuladamente a ese hombre o mujer que ha atravesado hace tiempo los límites de la desesperación. 
Que no decir del manco, cojo, tuerto, tartamudo, parapléjico, obeso, anoréxica... 
Dice la psicoanalista Mariela Michelena: "Huimos del dolor como si fuera contagioso". Si fuese del dolor de uno mismo, podría comprenderse; pero huir del dolor ajeno es algo sobre lo que debemos meditar profundamente. 
El cristianismo reconoce que la verdadera compasión es la que nos convierte en "creadores": "Sed perfectos como mi Padre es perfecto". Es creador quien introduce su existencia en lo creado con ausencia del ego. Hemos sido creados "escandalosamente libres", como diría X. Pikaza. Somos libres para reconocer nuestro dolor pero también el dolor ajeno; lo que conmueve y lo que desagrada, aunque vayan juntos en el camino de la evolución personal. 
La compasión es "expansiva" y la huida "constrictiva", a pesar de la ilusoria sensación contradictoria. 
Cristo gime con los hombres ("se estremece en Espíritu"), esperando la hermandad humana universal (Rom 8, 19 s). 
El dolor compartido es la esperanza de un cambio radical en el curso doloroso de la historia humana. 
En esto el Budismo nos enseña, no sólo un camino de oración y "mantras", sino un método científico de "sensibilización" y empatía. En definitiva, de una solidaridad construida a través de la "deconstrucción" (usando un término filosófico) de las falsas visiones e identidades egoicas. 
UN EJERCICIO DE BENEVOLENCIA INSPIRADORA
No basta una actitud compasiva. Es necesaria una acción "redentora", activa y transformadora; o como se dice en budismo: "Dana". 
Por eso budistas, cristianos o simplemente "humanidad sintiente" debemos hacer el bien a quien lo necesita. El budismo y el cristianismo deberían ser un evangelio de amor. ¡Dejamos a un lado los pretextos! 
¿Y si nos atrevemos a probar un "juego compasivo"? 
Es muy sencillo. Se trata simplemente de que busques un día determinado y desde la mañana hasta la noche "vivas con limitaciones autoimpuestas". Sí, has leído bien: "limitaciones autoimpuestas". 
Por supuesto, este ejercicio no se dirige a quien sufre limitaciones "involuntarias" o "innatas". Es para los que protestan porque en el edificio se instaló una plataforma para discapacitados o a los que les molesta el intérprete de signos en que aparece en la parte inferior o superior de la pantalla televisiva, para que los sordomudos puedan "oir" con la vista. Vamos, que muchos "clarividentes" y "clariaudientes" no "oyen" si "ven" si hay alguien gesticulando en las pantallas. ¿No es un absurdo? ¡Eso sí que es ceguera! 
PROPONGO LO SIGUIENTE: 
- No uses la mano derecha (si eres diestro) durante todo el día. Olvida tu brazo derecho (o izquierdo si eres zurdo) hasta la noche. "No está ahí". Trata de hacer tu vida normal sin ayuda de nadie. 
- Y si eres más atrevido, venda tus ojos y trata de seguir tu ritmo habitual. ¡Ah! ¿Echas de menos a los demás¿ ¿Una ayuda mínima? Pues sería un buen comienzo. 
- En ambos casos trata de vestirte, comer, abrir puertas, coger el autobús, limpiarte el culo o cepillarte los dientes sin una mano, o sin visión. 
- Si no te atreves durante una jornada a llevar esta práctica a tu vida cotidiana, por lo menos, imagínala. Sí, IMAGÍNATE a ti mismo en esas circunstancias. 
Quizás mañana, si practicamos este ejercicio aunque sea de forma mental, al cruzarnos con quien tiene limitaciones "forzadas", habremos cambiado actitudes encorsetadas y egoístas. ¡Y so es mucho! 
"Bienaventurado el que sabe que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla." (Facundo Cabral).

domingo, 7 de abril de 2013

MANTRAS


El domingo 7 de abril hemos tenido el privilegio de haber tenido en la Escuela Internacional de Yoga Tibetano y Meditación “Lhakhang Gongpa” de Vigo al Ven. Lama Thubten Wangchen, miembro del gobierno tibetano en el exilio y presidente fundador de la “Casa del Tíbet” de Barcelona, además de ser monje y consejero en el monasterio de S.S. El Dalái Lama en Dharamsala (India). Impartió una clase magistral sobre mantras, con práctica incluida, para los alumnos y amigos de esta escuela de enseñanza. Con su estilo afable y cercano llegó al corazón y la mente de todos los asistentes.
Los futuros instructores de Yoga Tibetano que en julio terminarán su formación básica recibieron además la “kata” (o khatag) tibetana y las bendiciones del lama. La "kata" es un símbolo de bienvenida y reconocimiento mutuo entre quien la ofrece y quien la recibe. Se trata de una pieza alargada de tela blanca, generalmente seda, que se coloca en el cuello y descansa sobre los hombros. Es también un símbolo de ofrenda y una señal de respeto y compromiso espiritual.
Al finalizar el acto se le hizo entrega al Ven. Wangchen de una placa-metopa conmemorativa, de los manuales de enseñanza e instrucción del Curso de Instructor de Yoga Tibetano y de diversos obsequios de agradecimiento por parte de algunos alumnos.
Nuestro agradecimiento eterno al lama y también nuestra gratitud a Antonio Cigarrán y a la “Asociación Tíbet-Galicia”, por haber hecho posible este evento. Nosotros solo pusimos los locales de la Escuela y nuestros corazones abiertos a las sublimes enseñanzas de este insigne maestro.
Gracias por último también a todos los que habéis acudido hoy a este acto, “abarrotando” la sala de prácticas de nuestro centro.
¡Tashi Derek! ¡Chinlop!

 

viernes, 5 de abril de 2013

ENSEÑANZAS DE UN LAMA


¡GRACIAS, LAMA WANGCHEN! 
Porque en la conferencia impartida en el Centro Cívico de Teis (Vigo) ante el concurrido auditorio, nos has enseñado a todos con la frescura de una mente "no-local" y tu luz ha iluminado rincones oscuros de nuestras consciencias. Y todo ello perlado de diáfanas sonrisas y de un sentido del humor que solo los "hombres-niño" saben manifestar en su estado puro. Sabiduría y experiencia, humildad y compasión. ¡Gracias, maestro! Ha sido un honor haber compartido mesa, charla y presencia contigo. 
El domingo tendremos el privilegio de tenerte en la Escuela de Yoga Tibetano de Vigo, donde impartirás una enseñanza sobre mantras y meditación a mis alumnos. Lamas-maestros como tu sois enseñanza viva del Buda y del Dharma, sin artificios ni falsos egos. 
En tus palabras, gestos y actitudes comprobé que sigue viviendo mi entrañable y "loco" maestro de Yoga Tibetano Tulku Tchering, que "trascendió" en 1990 pero que me dejó tantas semillas que sembrar...
Tu, Ven. Thubten Wangchen me llamaste hoy como él lo hacía: "Hermano". Por encima de túnicas, alzacuellos o símbolos supiste aclarar que solo existe la "consciencia sutil" y que para alcanzarla debemos entregarnos al altruismo y desarrollar la compasión universal (bodichitta). Un camino común a todas las religiones y a todos los seres humanos. 
Y no quiero dejar de agradecer la presencia a este acto de tantas personas, a la "Asociación Tíbet-Galicia", precursora de este evento y a mis alumnos de Yoga Tuibetano y meditación. No os voy a nombrar pero ya sabéis que cada uno lleváis una de las semillas del linaje yóguico que solo os exige una cosa: ¡Práctica continua y compasión "en acción"! 
Que Buda os ilumine el Camino del Dharma y que Cristo os convierta en esos niños que "heredarán en Reino de los Cielos". 
Muchas bendiciones a todos. ¡Tashi delek! 

miércoles, 3 de abril de 2013

LAMA THUBTEN WANGCHEN EN VIGO


CONFERENCIA DEL VEN. LAMA THUBTEN WANGCHEN EN VIGO: 
"LOS BENEFICIOS DEL ALTRUISMO"
El viernes, 5 de abril, a las 19.30 h
Lugar: Centro Cívico de Teis (Camiño Maceiras, s/n)
Intervienen: 
* Ven. Lama Thubten Wangchen (miembro del Gobierno Tibetano en el exilio; fundador de la "Casa del Tíbet" de Barcelona). 
* Javier Akerman (maestro de yoga tibetano, licenciado en psicología y teología; sacerdote anglicano). 
ENTRADA LIBRE. 
El sábado 6 de abril el lama Wangchen impartirá un seminario sobre: "ENSEÑANZAS SOBRE LA VIDA Y LA MUERTE", en el Hotel 
"Tres Luces" de Vigo. 
Reservas llamando al 699067247 o escribiendo un correo electrónico a: asociaciontibetgalicia@yahoo.es

miércoles, 20 de febrero de 2013

EL “SÍNDROME DEL EMPERADOR": LOS HIJOS TIRANOS


El psicólogo criminalista Vicente Garrido alerta de que los jóvenes han perdido, de forma general, el desarrollo del 'compromiso' y del 'sentimiento de culpa', algo que produce unos efectos 'catastróficos' en aquellos que tienen dificultades para un buen aprendizaje de los principios éticos y puede convertirlos en personas violentas, típico de los casos de “bullying” y del Síndrome del Emperador. Todo son derechos, pocos los deberes. 
El profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia, Vicente Garrido, quien acaba de publicar el libro "Los hijos tiranos: El Síndrome del Emperador", ha comentado que la falta de "compromiso moral" y del "sentimiento de culpa", de los jóvenes tiene efectos "catastróficos" en aquellos que tienen dificultades para un buen aprendizaje de los principios morales y puede convertirlos en personas violentas y maltratadoras. 
Entre las causas que motivan la aparición de este síndrome, el psicólogo señaló unos padres que no tienen "ni tiempo ni las aptitudes adecuadas para imponerse", unos profesores "sin autoridad", y una sociedad "más permisiva" que "valida la perspectiva profundamente egocéntrica" que tienen estos niños. "Se trata de niños que no han desarrollado las emociones referenciales, como el sacrificio, la compasión, la empatía o la piedad, y por tanto no tienen sentimiento de culpa", afirmó Garrido. A su juicio, el "gran error" de esta sociedad ha sido pensar que la conciencia y la culpa "no eran importantes".
El experto explicó que aunque es un problema que tiene una base "genética", éste se multiplica en el contexto actual "por la menor capacidad" de la familia para educar, ya que "no es políticamente correcto adoptar una postura firme con los niños”, y porque la sociedad "fomenta y anima comportamientos permisivos" con los más pequeños. Según Garrido, "el sentimiento de culpa o la conciencia exigen el compromiso, y nos hemos olvidado de que este compromiso es una parte necesaria del desarrollo del ser humano". Aseguró que aunque la mayor o menor capacidad para desarrollar las emociones éticas es algo con lo que se nace, una buena educación puede corregir o ayudar a solucionar el problema. Garrido advirtió de que este tipo de violencia es ejercida por chicos que "no proceden de clases marginales" y "que se supone que no deberían hacer eso", y con ella buscan "poder hacer lo que quieren" y "ser las personas que controlan, a través de la amenaza y el miedo, la convivencia dentro de casa". 
Destacó el importante aumento de este tipo de agresiones y afirmó que en cinco años el número de padres que ha denunciado a sus hijos en España se ha multiplicado "casi por ocho", lo que demuestra "la cantidad enorme de violencia que debe haber detrás" para que éstos se decidan a denunciarlos. 
Con su libro, Vicente Garrido intenta que se "deje de culpar" a los padres por algo en lo que, según dijo, "todos hemos participado". Reclamó finalmente una actuación para atajar la "gravísima situación" que atraviesa la escuela, donde los profesores "se sienten sin autoridad ni capacidad de hacer frente a los problemas de convivencia" y en la que existe "un porcentaje elevado" de acoso y fracaso escolar.
Por supuesto no quiero generalizar, pues hay jóvenes con fuertes compromisos éticos, cívicos y humanitarios. No obstante, el incremento de conductas violentas en un sector importante de la juventud merece un toque de atención y una profunda reflexión por parte de todos. Y por encima de banderas políticas e ideológicas. 
No debemos supeditar las ciencias del comportamiento a las ideas políticas o de lo "políticamente correcto", pues de lo contrario las consecuencias serán cada vez peores. Esta sociedad necesita rearmarse urgentemente de valores éticos para que en las generaciones venideras vaya germinando el fruto de un esfuerzo colectivo que debe empezar hoy. 

¿QUÉ DEBEMOS HACER?

No hay soluciones simplistas ni sencillas, pues el fenómeno es muy complejo, pero podríamos dar algunos pasos, que podrían ser, entre otros: 
Desde la infancia debemos marcar límites a las exigencias de los niños. Éstos deben saber que para conseguir lo que quieren se necesita saber esperar, trabajar, y también que además de derechos también tienen deberes. 
Los padres y educadores deben saber decir “no” cuando es necesario y no deberían sentirse culpables al adoptar esa actitud, pues ser buenos padres no es ceder ante todos los caprichos y demandas de los hijos. 
Los profesores y educadores deben ser investidos de más autoridad, lo que no quiere decir regresar a los tiempos de “la letra con sangre entra”. Pero hay un punto medio entre ambas tendencias. Autoridad no es sinónimo de violencia ni coerción. 
No debemos confundir compromiso ético con compromiso religioso o integrista, como algunos tratan de hacernos entender. Inculcar valores no es inculcar ideas religiosas. 
La socialización de los niños con un aprendizaje en valores éticos y relegando muchas veces la gratificación inmediata de sus reclamaciones y exigencias nos ayudará a formar a personas empáticas y solidarias, no a sujetos antisociales, carentes de resonancia afectiva y profundamente egoístas, individuos que muy probablemente se conviertan el día de mañana en maltratadores o “emperadores tiranos". 
Los niños aprenden por copia de modelos, por patrones repetitivos sobre lo que ven, viven, sienten y escuchan. Por todo ello deberíamos cuidar ese entorno y con el firme compromiso de todas las fuerzas sociales trabajar juntos en pro de una juventud mejor. 
Y aunque sea desde un punto de vista utópico, de un "soñador" con los pies en la tierra, debería fomentarse la meditación "en la compasión" y en los valores humanos desde la infancia; podría ser un antídoto contra el veneno que se extiende inexorablemente en nuestra sociedad. 
“El que es justo es bueno, pero no siempre el que es bueno es justo”.

sábado, 26 de enero de 2013

EFECTO MARIPOSA


Nos hacemos más humanos cuando levantamos la vista de nuestro ombligo para mirar con humildad a los demás a los ojos.
Como norma deberíamos tratar de corregir las pequeñas o grandes heridas que hayamos podido infligir, consciente o inconscientemente, a cualquier ser "sintiente". 
Ejemplos hay muchos en nuestro entorno: esa mala palabra al vecino; ese acto de ira irrefrenable; esas ansias de "cotillear"; ese impulso por destruir la reputación de determinadas personas; los deseos compulsivos de subir por encima de los demás sin importar los medios; la envidia, el resentimiento, el egoísmo, los apegos materiales...
Podemos también corregir muchos errores y defectos gracias a la crítica hiriente de los "enemigos". 
En mi caso os aseguro que soy más consciente de todo lo que puede desencadenar sufrimiento propio y ajeno. Un buen método es la reflexión interior y "pedir perdón" en silencio, al tiempo que nos hacemos la firme intención de reparar el daño producido. Es algo tan sencillo como una llamada telefónica a la persona agraviada, o simplemente no volver a cometer la acción que ha desencadenado el mal cometido. Porque... ¿que ganamos regocijándonos en el dolor ajeno? Todas nuestras acciones, todas, son interdependientes; no hay acciones aisladas. Deberíamos ser conscientes de la enorme responsabilidad que late en cada acción y en cada paso que damos en la vida. 
Una palabra mal dicha, una injuria lanzada con saña no solo ocasiona un perjuicio enorme a la persona que la recibe. Esa persona tiene familia, hijos, gente que depende de él y, con toda seguridad, también tiene sus "cosas buenas", sus virtudes.
Nuestro deseo insano por perjudicarlo puede interferir gravemente en su estado de ánimo y desencadenar un "efecto mariposa" gravísimo del que, en última instancia, hemos sido responsables. 
¿Cómo es eso posible? Pues tu reproche o insulto, por ejemplo, al condicionar su estado emocional, puede haberle hecho más vulnerable y que no preste tanta atención al tráfico mientras conduce su automóvil, porque está "dándole vueltas" a lo que le has dicho. Y de pronto, en un trágico despiste, se empotra contra otro coche o arrolla a un transeúnte. Y todo comenzó con esas palabras envenenadas que tu, yo o cualquier otro pudimos haberle dicho.
Nadie es perfecto pero todos podemos aspirar a ser mejores personas. 
Reflexionemos sobre las implicaciones de nuestros actos y del poder de las palabras. Meditemos analíticamente. 
Porque al igual que la ira, la envidia o las ganas de hacer daño pueden ser el germen de una desgracia, también una buena palabra, una sonrisa, un abrazo o simplemente refrenar un impulso negativo pueden ser sencillas acciones que salven una vida y al mismo tiempo "te salve a ti". 
Nada nos hace más grandes que reconocer lo pequeños que somos en este inmenso Universo, que a su vez intenta comprenderse a si mismo. 
Alimentar el ego con la ira solo traerá destrucción a nuestras vidas. El veneno del odio es la mayor fuerza destructiva de la humanidad. 
Comencemos con un breve análisis de nuestro comportamiento diario seguido de un propósito de cambio. Los resultados pueden ser maravillosos; ahí subyace el "milagro" del cambio global. 
Piensa como te sientes cuando te hacen el daño y recuerda que cuando llegue el momento de tu muerte, cuando te encuentres a solas contigo mismo, tu Conciencia será tu única compañía en esos momentos.
La Luz Clara, Dios o el Vacío que te estarán esperando, pero tu ya te habrás juzgado e impuesto la sentencia correspondiente. 
Karma, Justicia Divina... ¿que más da como denomines a la Responsabilidad que tienes contigo y con el mundo?